lunes, 20 de mayo de 2013

Cardiff (Reino Unido)





    Castillo de Carreg Cennen



CASTILLOS Y COSTAS

Con sus frescos y verdes valles, y sus montañas barridas por el viento, el sur de Gales es rico en bellezas naturales. Hay pocos lugares que puedan rivalizar con el atardecer en Rhossili, en la península de Gower, o con las suaves playas de Pembrokeshire. Pero este antiguo país también tiene maravillas realizadas por el hombre: un rosario de castillos de piedra gris que se engarzan en el paisaje rural como diamantes en bruto. Algunos no son más que ruinas; otros siguen ofreciendo un aspecto parecido al que tuvieron al ser construidos. Se trata de tesoros históricos con sus almenas, sus grandes salones y sus poderosas torres. Todos tienen una historia detrás.
El castillo de Chepstow es un escenario particularmente teatral. Presidiendo el río Wye, en la frontera con Inglaterra, es el testimonio de un  pasado turbulento. Construido por los normandos en 1067, justo después de la conquista, fue el primer castillo de piedra de Gran Bretaña, una base estratégica inmejorable para las expediciones de castigo sobre Gales. Luego está Caerphilly, población denominada por un castillo tan importante, que Tennyson afirmó: <No es un castillo: es una ciudad en ruinas>. Construiso en el siglo XIII, es una obra maestra de la ingeniería militar. El castillo de Cardiff es famoso por sus lujosos interiores del siglo XIX, creados por el excéntrico marqués de Bute.
Los viajeros más interesados en el mundo del arte apreciarán las rómanticas ruinas del castillo de Laugharne, el favorito del poeta Dylan Thomas; los amantes de la historia quizá preferirán el de Pembroke, construido por el primo de Guillermo el Conquistador. 
Pero el más sorprendente de todos, es sin duda, el de Carreg Cennen, en el Carmarthenshire. Suspendido de forma inverosímil sobre un risco por encima del río Cennen, la leyenda afirma que uno de los caballeros del rey Arturo yace dormido bajo sus muros.

jueves, 18 de abril de 2013

París (Francia)



                            

 PRIMAVERA ROMÁNTICA
 
Con los castaños en flor y las mesas bajo los árboles, parece que París y abril están hechos el uno para el otro. El románticismo se respira en la primavera parisina por lo menos desde el siglo XII, cuando Pierre Abèlard se enamoró de su estudiante, lo que acabó en una historia de amor tan duradera que Josefina, la esposa de Napoleón, reunió sus restos en el cementerío Père-Lachaise pasados unos setecientos años más tarde. Un cementerio no es un lugar turístico habitual en una ciudad, pero este atrae miles de visitas todos los años porque muchos de los enterrados son personajer románticos.
 Las parejas que busquen romanticismo tienen mucho que ver en París, desde la visita en lo alto de la Torre Eiffel hasta barcos para cenar en el Sena. Pero los auténticos románticos se darán por satisfechos solo con pasear bajo la luz del sol primaveral por las calles repletas de flores de la orilla izquierda, del antiguo barrio del Marais, o por las callejuelas de la Îlle Saint-Louis. Encontrarán un rincón en el jardín de Luxembugo o el canal Saint Martin para tener un momento de calma, o declararse su amor con un beso en medio del Pont Neuf. Se puede disfrutar de un café au lait en las cafeterías de la calle, y compartir comidas íntimas en un bistró a la luz de las velas. Los lectores visitarán Shakespeare&Company, la famosa librería de la orilla izquierda de Hemingway y Joyce; los aficionados al arte irán a ver que hay en el Beaubourg.
Hay ocio nocturno por todas partes, ya quieras ponerte tus mejores galas para el teatro de la ópera Charles Garnier, que inspiró El fantasma de la ópera, o asistir a un concierto en una de las antiguas iglesias con un ambiente tan especial. También hay excelentes actuaciones de jazz en bares y clubs por toda la ciudad.